El perfil de riesgo, derivado de las fluctuaciones pasadas del mercado, muestra el riesgo al que está expuesta la cartera. Esta evaluación ayuda a armonizar sus inversiones con sus objetivos financieros y su propensión al riesgo.
El perfil de diversificación evalúa la distribución de las inversiones entre distintas clases de activos, regiones y sectores. Esta evaluación ayuda a reducir los riesgos, maximizar los rendimientos y evitar la concentración excesiva en una sola área.
Inversores cautelosos
Este tipo de cartera encaja con alguien que duerme bien sabiendo que gana menos que el vecino pero también sufre menos en las caídas. Tolera cierto riesgo, pero con chaleco antibalas: volatilidad moderada, amortiguada con liquidez y un toque de oro. El objetivo típico sería hacer crecer el patrimonio a largo plazo sin andar mirando la pantalla cada día, con horizonte de años o décadas, no meses. Es la mentalidad de “prefiero llegar entero que llegar primero”. No busca apuestas raras ni historias épicas, solo un camino razonablemente estable, aunque eso implique tragarse algo de aburrimiento.
La estructura es tan minimalista que parece hecha en una servilleta: 60% a un único megacóctel global, 20% a efectivo vitaminado, 10% a small caps y 10% a oro para que parezca que haces gestión de riesgos. Es una especie de “lazy portfolio” con complejo de prudente, pero que en realidad vive y muere con la renta variable global. La parte segura está tan domesticada que casi no existe en términos de movimiento, y el oro es más decoración que motor. La idea general es buena, pero el peso brutal en un solo ETF hace que todo lo demás parezca atrezo.
Históricamente, convertir 1.000 € en 1.866 € no está nada mal, pero el mercado global te ha pasado la mano por la cara: 9,86% de CAGR frente a 10,74% del mundo y 13% del mercado USA. CAGR es la rentabilidad media anual compuesta, como la velocidad media en un viaje largo. Has perdido rentabilidad pero a cambio tu máximo batacazo fue “solo” -24% frente a -33% de los índices, así que te has comprado algo de tranquilidad. Past data es como el parte meteorológico de ayer: orienta, pero no garantiza que mañana no te caiga un chaparrón diferente.
A nivel de clases de activo eres de libro de texto… de primero de inversión: 70% renta variable, 30% “otras cosas” (cash ultracorto y oro). El 20% en overnight es la versión financiera de llevar casco, rodilleras y chaleco reflectante para ir a por pan; su volatilidad es tan baja que casi ni existe en términos de riesgo. El oro, con 10%, aporta algo de diversificación pero no cambia el guion principal: tu cartera es bolsa con algo de maquillaje defensivo. La conclusión general: si buscas emociones fuertes, aquí no; si buscas estabilidad sensata, vas bastante alineado.
Este desglose cubre solo la parte de renta variable de tu cartera.
Por sectores, aparentas estar muy civilizado: tecnología “solo” 17%, financieros 11%, industriales 9%, consumo, salud, telecom… todo bastante repartido. Ningún sector domina obscenamente, lo que evita el clásico “adicto a tech” o “fan de algo cíclico al 40%”. Pero no te engañes: aunque los números queden bonitos, cuando el ciclo global se tuerce, la mayoría de sectores sufren juntos, solo que algunos lloran más fuerte. El punto positivo: no has montado un casino temático sobre una única historia económica. El punto menos glamuroso: tampoco hay una apuesta clara diferencial, eres muy “benchmark-friendly”.
Este desglose cubre solo la parte de renta variable de tu cartera.
Geográficamente el mensaje es: “EEUU manda y los demás existen para no quedar mal”. 44% Norteamérica y luego migajas para Europa desarrollada (11%), Japón, Asia, emergentes y resto del mundo. No es raro, los índices globales van así, pero de global tiene lo justo; es más bien “Estados Unidos y sus amigos secundarios”. Esto funciona genial cuando la locomotora USA va a tope, pero si esa zona entra en una década floja, tu cartera lo va a notar fuerte. Moraleja: depender tanto de una única región es cómodo… hasta que deja de serlo.
Este desglose cubre solo la parte de renta variable de tu cartera.
Por tamaño de empresas estás claramente enamorado de las gigantes, pero al menos invitas a las pequeñas a la fiesta. Mega-cap 29%, large 21%, mid 13%, y un modesto 5% en small y 1% micro vía el ETF de small caps. Es el típico combo “quiero la estabilidad relativa de los gigantes, pero déjame un poquito de picante de small caps por si suena la flauta”. El problema: si esperas que el 10% en small mueva la aguja de verdad, vas justo; si se hunden, duelen, pero no cambian tu vida. Es más un guiño táctico que una apuesta seria.
En las posiciones subyacentes se ve el clásico altar a las megatech: NVIDIA, Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta, Tesla… básicamente el club de siempre. Aunque el solapamiento real está infracapturado (solo top 10), ya se intuye que llevas a los mismos sospechosos en varios frentes. Es como decir que estás súper diversificado porque tienes muchas cajas, pero dentro de todas has metido el mismo puñado de juguetes. La lección: si todo lo que manda en tu cartera se comporta igual, en los días malos lloran todas las líneas a la vez.
Las exposiciones a factores se estiman mediante modelos estadísticos basados en datos históricos y miden inclinaciones sistemáticas (relativas al mercado), no características absolutas del portafolio. Los resultados pueden variar según el período de análisis, la disponibilidad de datos y la divisa de los activos subyacentes.
En factores, el show se llama Baja Volatilidad: 96%, o sea, un enamoramiento obsceno con lo “tranquilito”. Factor exposure son los ingredientes ocultos de tu cartera: value, tamaño, momentum, calidad, etc. Aquí estás diciendo “quiero ganancias, pero sin dramas”. Eso suena bien hasta que recuerdas que baja volatilidad no significa baja caída, solo caídas algo menos histéricas. El value alto también apunta a que prefieres cosas menos carísimas, algo más sobrias. Resultado: cartera con pinta de adulto responsable, que lo hará mejor en épocas tensas, pero puede quedarse atrás en rallys de locura especulativa.
La fiesta del riesgo la pagan básicamente dos invitados: el All-World (60% de peso, 83,6% del riesgo) y el ETF de small caps (10% de peso, 15,7% del riesgo). El resto son figurantes: el oro con 0,68% y el ETF de overnight con 0,06% de riesgo son casi decorado. Risk contribution es quién agita de verdad tu gráfica, no quién ocupa más línea en el extracto. Aquí está clarísimo: tienes una cartera de dos motores y dos lastres ultraestables. Si algún día algo se desmadra, ya sabes dónde mirar; ajustar pesos ahí puede cambiar mucho sin tocar el resto.
Este gráfico muestra la Frontera Eficiente, calculada usando tus activos actuales con diferentes combinaciones de asignación. Destaca el mejor equilibrio entre riesgo y rentabilidad basándose en datos históricos. Los portafolios "eficientes" maximizan la rentabilidad para un riesgo dado o minimizan el riesgo para una rentabilidad dada. Haz clic en cualquier punto para explorar esa asignación.
Haz clic en los puntos de colores para explorar las asignaciones.
En el gráfico riesgo–rentabilidad estás quedándote claramente corto: Sharpe 0,69 frente a 1,26 del óptimo usando tus mismos ingredientes. Sharpe es básicamente cuánta rentabilidad sacas por cada unidad de susto; el tuyo dice “podría ser mejor”. Estás 5,57 puntos porcentuales por debajo de la frontera eficiente a tu nivel de riesgo, o sea, no solo juegas en modo seguro, también en modo poco afinado. Lo más doloroso: la mejora potencial viene solo de reordenar pesos, sin añadir productos nuevos. Traducido: la nevera está bien llena, pero la receta que has cocinado es bastante menos sabrosa de lo que podría.
Las comisiones son tan razonables que dan rabia: TER total de ~0,19%, con todos los productos en rango bajo. Nada de fondos activamente carísimos ni inventos exóticos que cobran como si te dieran champagne y te sirven agua del grifo. Aquí sí: has apretado bien el coste sin sacrificar diversificación básica. Eso significa que, al menos, no estás regalando puntos de rentabilidad todos los años por despiste. Eso sí, ahorrar en comisiones no compensa una mala estructura de riesgo: puedes ir con Ryanair, pero si vuelas hacia el destino equivocado, sigue siendo un problema.
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